La taberna
Los esfuerzos para hacer que la campesina diga algo más concreto o aporte algún dato nuevo son infructuosos, está como en estado de shock, no atiende a nada ni a nadie, simplemente repite su letanía en pos de ayuda para que le devuelvan a sus hijas.
En vista de ello, deciden dirigirse a la taberna, inconfundible edificio, de madera como todos, con un enorme cartel a la puerta indicando su condición de local público.
Al entrar en ella perciben un fuerte olor a madera vieja y sobre todo a vino. El interior es rústico a más no poder, nada sorprendente a tenor del resto de casas del pueblo que han podido ver, dicho sea de paso. No es muy grande, tan sólo una pequeña barra, tras la cual se afana un hombre mayor, pero de enorme corpulencia, y cuatro mesas situadas a su frente, encima de una enorme alfombra bastante raída por el uso y que en sus mejores tiempos debió de ser de color verde, una de ellas está ocupada por dos personas y al final de la barra un tercer cliente se haya sentado en un taburete al lado de su vaso de bebida ...
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